Francisco Benavides Acuña (don Paco) nació el 11 de marzo de 1917 en Naranjo. Vino a vivir a San Vicente a edad ya madura, siguiendo los pasos de su hermano Blas. Aquí conoció a Dulcelina Blanco, con quien contrajo matrimonio y tuvo 16 hijos, formando una de las ramas familiares más numerosas y emblemáticas de la comunidad.

Para hablar de Don Paco hay que mencionar la música, el trabajo del campo y la fe. Ejecutaba la guitarra, mandolina, concertina, dulzaina y pianica. Nunca recibió un curso, una lección ni siquiera recurrió a un método, la música corría por sus venas y simplemente se le manifestaba si tenía un instrumento en las manos.

Manos cayosas de trabajar duro en el campo. El sol y la lluvia fueron testigo de sus luchas y su esfuerzo por descubrir en la tierra el prodigio que llaman legumbre, grano, hortaliza. Día tras día, ciclo a ciclo, nunca terminó su afán de ser partícipe de los milagros de la siembra.

Sembrada en su alma la semilla de la fe, horas incontables sumido en el silencio de sus oraciones, origen de su entera fortaleza y de su confianza en Aquel que formó de la tierra y sopló la vida de sus hijos, nietos y bisnietos.

Nunca nadie supo como aprendió a leer, tampoco supimos cuáles fueron sus últimas palabras, porque no pudo pronunciarlas. De lo que si fuimos muchos testigos fue de su amor por la vida, por la tierra, por su música y por su Dios.

Por Beto Blanco

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