Con mi espíritu te abrazo, pueblo nuestro, porque mis manos son diminutas a tu encuentro.

Parecieras sólo verde, pero de mil colores te vistes, salen de las personas: de sus sonrisas, de su saludo, de su voz; la armonía de convivir, el calor del corazón.

Eres, para mí, el paraíso, amor mío, amor nuestro. Te construimos, te celamos, arraigados a ti estamos, como el ciprés al suelo, amarrados…

¿Qué tienes, San Vicente, que si no estoy en ti te extraño? Has hecho de mi profundidad un rincón fresco y renaciente; enséñanos a respetarte, porque así soñamos verte por siempre.

Susana Benavides